CAMINO DE SANTIAGO III

Salimos temprano, era nuestro penúltimo día de camino, los dolores eran mínimos y el tiempo nos acompañaba, hacía una temperatura perfecta para andar.

Los primeros 14 kilómetros hasta Arzúa se hicieron solos, estábamos rebosante de energía pero paramos hacer un acuarius y las agujetas hicieron presencia, parar se vuelve un error, nunca había detestando tanto descansar, levantarse de la silla significa notar cada uno de los músculos de mi cuerpo. Diez kilómetros más paramos a comer, había sido una mañana extraña, sin peregrinos, habíamos andado más de veinte kilómetros y apenas nos habíamos cruzado a nadie, el restaurante también estaba desierto y el dulce cocinero nos hizo lo que nuestros deseos pedían: un bocadillo enorme caliente de jamón del país con queso desecho. Tuve el error de sacarme las botas, tenía que curarme pero prolongue demasiado la libertad de mis pies y marcharnos fue un drama, mis pies creídos que ya estaban descansando, se hincharon, se enfriaron y ponerse en pie fue dolorosisímo. Los siguiente kilómetros los hice lentos, padecientes pero me había comprometido conmigo misma y lo quería hacer.

Llegamos a O Pedrouzo sobre las siete de la tarde, muy, muy, muy cansadas, con más de 33 kilómetros en nuestras espaldas pero muy orgullosas. El amable dueño de PR Una Estrella Dorada me dio hielo para mis pies y nos ofreció la habitación más maravillosa del mundo, al menos en ese momento me lo pareció. Lo indispensable depende de la necesidad, el resto…sobra.

La mañana siguiente, fue renovadora, nos encontrábamos bien y el sentimiento de orgullo era incluso mayor. cargamos la mochilas para nuestro último día de camino, se mezclaban mariposas estomacales de emoción, nervios, ganas de llegar pero también nostalgia de lo que habíamos pasado. Fue el camino más feo que habíamos hecho pero la emoción se notaba en el ambiente, en cada peregrino que nos cruzábamos, hoy llegamos.

Llegar a la plaza del Obradoiro fue extraño, satisfechas por el recorrido hecho, dejábamos atrás cinco días intensos, ¿habíamos aprovechado?, ¿habíamos cambiado?, ¿los habíamos vivido suficiente?  Aquí había acabado…

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