Con la venia Dios mío señor Presidente.

¿Qué prefieren un mundo con un cura ciego a la sociedad, un magistrado de corazón de hojalata o con un presidente que no sabe hacer la “o” con un canuto?
Había una vez en un hermoso territorio del centro del mundo, don Díaz se despertó en medio de un sendero, se frotó los ojos incrédulo, se tocó el cuerpo solo vestido con su toga de magistrado, unos pantalones de traje y su camiseta de la suerte imperio, estaba bien, pero ¿qué hacía ahí? Grito en busca de una respuesta, volvió a gritar con todas sus fuerzas pero nadie respondió. El instinto le pedía andar y eso hizo, sin saber si iba hacía delante o hacia atrás, empezó a dar pasos… al poco rato andando vio un hombre agachado, corrió hacia él: <¡oiga, oiga!>. El caballero se levantó de un golpe, se hecho hacía atrás asustado por el hombre de negro que se le acercaba histérico. <Disculpe ayúdeme no sé dónde estoy>, dijo el magistrado al hombre vestido con una larga sotana. <yo, yo, yo tampoco> dijo el cura titubeante. <he despertado aquí, sólo, con mi sotana y mi Biblia. No sé dónde estoy, ni porque> empezaron una conversación sobre sí mismos que acabó pronto, ninguno de los dos sabía que hacían ahí y dónde estaban, siguieron andando sendero arriba o abajo, no sabían aún…

Andaron en silencio una hora más hasta que vieron tirado en el suelo un hombre vestido con un traje caro, esa vestimenta era más cara que la toga y la sotana juntas, se acercaron con cierta extrañeza . <¿hola?><¿disculpe?> dijo bien alto el cura. No contestaba. <mira si está vivo> ordenó su señoría. El cura le puso mala cara a su horrible educación y al tono imperativo de la frase pero accedió, le tocó el hombro un par de veces y el hombre se giró perezoso, les vio y se levantó de un salto asustado: <¿quién sois?> Grito. <¿Y tú?> Dijo altivamente el juez. Con cierto cabreo el hombre del traje les respondió mientras se quitaba el polvo de su precioso traje < yo soy presidente de mi país por clamor popular pero me han castigado al país de nunca jamás porque no sé hablar inglés>, <¿cómo? ¿El país de qué?> dijo extrañado el magistrado. <¿usted no ve las noticias o qué? Yo como presidente cree el 3% de hectáreas en un sitio secreto de mi país, todo vallado para tirar a la gente… a la gente que… a la gentuza, vaya… Al principio lo llenamos con malos que ya estaba en la cárcel, pobres y refugiados pero estos han conseguido escapar y… ahora estamos nosotros aquí. Yo lo último que recuerdo es que me dijeron, “ahora tendrás tiempo para aprender inglés” y me dejaron aquí, ¡panda de revolucionarios!… ¿y vosotros qué hacéis aquí?>, < a mi me trata de usted, soy un magistrado de un gran tribunal>,<bueno y yo presidente de un país entero y MIRA dónde estoy>,<que más dará usted, si ni siquiera tiene estudios>, <su señoría al menos yo sé porque me han echado aquí, pero¿usted?>, <no será solo por eso, ese traje no se paga solo> la conversación empezó a subir de tono hasta llegar a la discusión, el magistrado estaba convencido que eso era un error sobre su persona, él en la vida solo hacía su trabajo y muy bien, la verdad, interpretaba la ley sin importar qué misero humano tenía delante. 

Todo eran gritos y gritos, sin escucharse el uno al otro, mientras el cura andaba de rodillas murmurando a su Dios. <¿se puede saber usted que hace?> Dijo Don Díaz al buen señor con sotana. El cura le miró con ojos llorosos <si somos misericordiosos y rezamos, él nos sacará de aquí> <¿quién?> preguntaron al unísono los dos señores con unas burlonas sonrisas…

Pues señores déjense de cuentos y ni siquiera hace falta que gasten energía eligiendo, todo ya lo tenemos…

Los monstruos no sólo se quedan en los muñecos
 
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