Eres un quejica

Ayer leía un artículo donde se volvía hablar del efecto negativo en nuestro cuerpo y nuestra mente de la queja. Ya he hablado algunas veces del tema y cada vez que me encaro con el tema me doy cuenta de lo difícil que es, sobretodo por el factor social. Hemos aprendido a interactuar con la gente, a socializar a través de la queja. Mientras tú te quejas del ruido, del jefe, de tus hijos, yo escucho, colaboro e incluso me quejo más. Eso nos lleva un ambiente negativo, a una baja energía e incluso a un malestar general.

Cuando saco el tema en mi casa mi pareja siempre pone más dudas encima la mesa: ¿te quejas o te desahogas?, ¿No puede ser también que necesitamos desahogarnos? Y pienso: tiene razón, siempre se ha dicho que sacar las cosas es sano, incluso se dice que guardarlas produce enfermedades. Pues, dónde está la línea de separación entre la queja y el desahogo… pensándolo con calma supongo que es lo de siempre: las formas(todo depende de las formas) y la reiteración. Esta es mi opinión pero abro debate…

El artículo nos invita a observarnos durante unas hora y ser consciente de lo que te quejas: que asco de lluvia, no llueve nunca, tarda demasiado el tren, tengo sueño, el jefe es malo, la compañera pesada, el tiempo pasa demasiado rápido, el tiempo pasa muy lento… todo de quejas diaria que nos llevan a un malestar y sin darnos cuenta, son cosas del pasado y para ser feliz hay que estar en el presente y actuar. Cuando hay una cagada de paloma en el coche, la vemos ahora, nos cabrea ahora pero realmente es algo que ya pasó y no podemos cambiar pues más vale la pena simplemente limpiarlo y seguir, ¿no cree? Pues muchos dirían: si claro pero desahogarse y “cagarse en todo” va bien, ¿lo crees de verdad?, ¿cambiará algo?, ¿evitará algo? No lo sé pero yo admito que vivir(en casa, en el trabajo, en amistad) con una persona ultra quejica (hablando mal y pronto) es un TOSTÓN y si algo tengo claro es: que ni quiero serlo, ni quiero vivirlo. La vida es otra cosa.

La periodista después de la observación, nos ofrecía herramientas para cambiar el hábito de la queja: beber agua cada vez que te vayas a quejar, te hace más consciente de lo que te llegas a quejar y encima estás más hidratado. Practicar la gratitud y esto nos lleva al consejo tres, alabar en vez caer en la queja, dar las gracias por el aire que respiramos, la comida que nos nutre, de lo que nos rodea que disfrutamos en cada momento nos transporta directamente al ahora y no al pasado, y elogiar de forma sincera te hace cambiar el enfoque de las cosas, todos tenemos nuestra parte buena, todo tiene su parte buena. El tercer ejercicio nos sirve para todo: dejar de fumar, dejar la mala vida, dejar de quejarse: el deporte. A parte de los millones de beneficios que todo sabemos y leemos continuamente, las endorfinas que liberamos mientras tanto nos hace felices y nos enfocarnos en las cosas importantes. Y por último trabajar la aceptación y la humildad, al quejarnos estamos yendo contra la realidad, contra el mundo y nos colocamos en un sitio superior. No somos ni mejor, ni peor que nadie. No somos el ombligo del mundo y meterse en una lucha contra lo que sucede es simplemente una pérdida de tiempo. Acepta lo que sucede y déjalo ir, no luches, pierdes energía que puedes utilizar para las cosas que te gustan de verdad y noticia: a todos nos suceden cosas pero solo tú puedes utilizarlas para ser una víctima o simplemente un ser humano que está vivo y le pasan cosas. A veces si escucháramos más a los demás, las difíciles vidas que tienen, nos haría bajar a la tierra y veríamos que si seremos únicos pero no somos el centro del mundo, ni siquiera de la mísera existencia de los problemas mundiales.

Yo para acabar con el tema de hoy, os invitó y me auto invito a actuar en vez de quejarse, así unimos el puro desahogo con la búsqueda de la felicidad: tienes sueño, pues al darnos cuenta pensemos en cómo arreglar eso: a partir de ahora me acuesto antes. Mi jefe es un prepotente: doy las gracias por aprender a no ser como él, le separo de mi persona, no es nada personal e intento mejorar…

Eres un quejica

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Nocilla mala, mandarina buena.

Navegando por Instagram he caído en la cuenta de una mami la cual en su última foto se defendía de la alimentación que le da a sus hijos y no es la primera, de hecho creo que es una de las cientos y cientos de madres que se han tenido que defender por dar un ganchito a su hij@. Me acuerdo de hace un tiempo alma cupcakes se le echaron encima por qué en una fiesta su pequeño comía un aspito.

¿Estamos locos o nos gusta demasiado criticar? A mi gusto todo me resulta patético. Con el tema de la alimentación, yo tuve la suerte que mis padres ya me inculcaron con naturalidad lo único que yo veo coherente: el sentido común. En este mundo que dar un petit suise es un crimen y una mandarina es lo mejor creo que nos estamos pasando. Ahora mismo reina el radicalismo del cero azúcar, todo Bio, incluso los niños ignoran ciertos alimentos entendidos como nocivos, no es que escojan no comer sino que no saben que existen. Sé que es complicado entender la palabra “escoger” en un peque porque realmente es el padre que escoge que come su niñ@ pero era una forma de explicar que simplemente se prohíbe, ni siquiera se explica, simplemente no, nunca porque es malo.

También decir que me hace mucha gracia la frase que tanto se utiliza el otro bando no radical(perdón por decirlo así pero es para que se me entienda)“ yo comía algún bollicao y mira que sano estoy” si, sino te quito razón pero creo que lo razonable es que pudiendo comer algún bollicao, incluso algún donuts, lo importante es crear una buena base, unos buenos hábitos y un sano sentido común.

A mi estos padres radicales que su hijo de tres años ni siquiera sabe que es el chocolate… dentro de mi respeto es una pequeña locura, me recuerda a los padres que no dejaban hacer nada a sus hijos cuando yo era adolescente y luego en la calle eran los peores. Lo cierto es que no sabemos si dentro de unos años ese crío que prohibían conocer el chocolate, luego lo busca como un adicto a la coca, no lo sabemos pero sinceramente, no me extrañaría.

Creo que con toda la información que tenemos(frase muy recurrente de los radicales) precisamente podemos: primero: respetar a los demás, no somos animales, la información es saber pero no perdamos la educación por favor, quien tenga interés buscará esa información pero ni yo, ni tú somos nadie para imponer ni criticar nada a nadie. Segundo: desayunar fruta con algún hidrato poco elaborado y de larga absorción, tipo tostadas, comer algo verde con una proteína para mantenernos fuertes y aguantar la tarde, merendar algo para no entrar hambriento a la hora de cenar y cenar suave pero que alimente es lo que yo entiendo como saludable y sentido común. Que mi cuerpo necesita más una manzana para merendar que un bollicao es algo que se tiene que entender, no obligar ni denigrar y si una tarde me como ese bollicao que me quiten lo “bailao”.

Y precisamente es esa la base que yo creo: mueve el cuerpo, mueve la mente y respeta a los demás y sobre todo respétate a ti mismo que cuidándote y repito con sentido común duráremos muchos años sanos y felices.