CAMINO DE SANTIAGO III

Salimos temprano, era nuestro penúltimo día de camino, los dolores eran mínimos y el tiempo nos acompañaba, hacía una temperatura perfecta para andar.

Los primeros 14 kilómetros hasta Arzúa se hicieron solos, estábamos rebosante de energía pero paramos hacer un acuarius y las agujetas hicieron presencia, parar se vuelve un error, nunca había detestando tanto descansar, levantarse de la silla significa notar cada uno de los músculos de mi cuerpo. Diez kilómetros más paramos a comer, había sido una mañana extraña, sin peregrinos, habíamos andado más de veinte kilómetros y apenas nos habíamos cruzado a nadie, el restaurante también estaba desierto y el dulce cocinero nos hizo lo que nuestros deseos pedían: un bocadillo enorme caliente de jamón del país con queso desecho. Tuve el error de sacarme las botas, tenía que curarme pero prolongue demasiado la libertad de mis pies y marcharnos fue un drama, mis pies creídos que ya estaban descansando, se hincharon, se enfriaron y ponerse en pie fue dolorosisímo. Los siguiente kilómetros los hice lentos, padecientes pero me había comprometido conmigo misma y lo quería hacer.

Llegamos a O Pedrouzo sobre las siete de la tarde, muy, muy, muy cansadas, con más de 33 kilómetros en nuestras espaldas pero muy orgullosas. El amable dueño de PR Una Estrella Dorada me dio hielo para mis pies y nos ofreció la habitación más maravillosa del mundo, al menos en ese momento me lo pareció. Lo indispensable depende de la necesidad, el resto…sobra.

La mañana siguiente, fue renovadora, nos encontrábamos bien y el sentimiento de orgullo era incluso mayor. cargamos la mochilas para nuestro último día de camino, se mezclaban mariposas estomacales de emoción, nervios, ganas de llegar pero también nostalgia de lo que habíamos pasado. Fue el camino más feo que habíamos hecho pero la emoción se notaba en el ambiente, en cada peregrino que nos cruzábamos, hoy llegamos.

Llegar a la plaza del Obradoiro fue extraño, satisfechas por el recorrido hecho, dejábamos atrás cinco días intensos, ¿habíamos aprovechado?, ¿habíamos cambiado?, ¿los habíamos vivido suficiente?  Aquí había acabado…

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CAMINO DE SANTIAGO I

Los que me seguís en el canal de Youtube: The Sweet Words Tv ya estaréis viendo mi pequeña aventura Gallega pero me apetecía ponerle unas cuantas letras a esta experiencia.

Primero quiero quitarme el sombrero por la gente que anda el doble, el triple, el cuádruple que ande yo y pedir disculpas si he ofendido a alguien. Ni quiero, ni pretendo juzgar a nadie: ni a los que andan mucho, ni a los que andan poco, ni a los que llevan mochila o ha los que no la llevan, que duermen en albergues o en hoteles. Yo he vivido mi camino, he sacado mis conclusiones y creo que eso tenemos que hacer cada uno: no mirar las botas de los demás sino las propias.

Hace mucho tiempo que quería tener esta experiencia pero por multitud de razones o excusas, según se mire, nunca había encontrado el cuando y el con quién. Eran dos cuestiones fáciles de resolver: ¿cuándo? Cuando tuviera unos días, ¿quien? Cualquiera, sola, contigo… que más daba pero en el fondo supongo que no quería porque si quieres algo  en la vida, lo haces o al menos pones todas las energías en ello, o¿no?

Bueno, el caso que este año se lo propuse a mi ma(mi mamá), una experta en el camino de santiago: el francés, el inglés, el de la plata y el primitivo, y aunque manifiesto fervientemente que cada camino es único y particular de cada uno, ir con alguien que ya había pisado esas tierras u otras más lejanas, anima por los miles de consejos útiles que recibes, trucos y sobretodo ánimos.

Salimos desde Sarria después de una noche en el tren de larga distancia, nos armamos las botas y nos comimos un bocadillo gigante. Con el estomago lleno y con la credencial* del peregrino en mano nos atrevimos con los primeros metros, el calor aún no hacia presencia pero el frío de Galicia tampoco, ni la lluvia y eso se agradece.

El primer día fue intenso pero tenia tantas ganas que mis pies andaban solos con sus botas nuevas, llegamos a Portomarín en unas 5 horas, 22,4 km y satisfechas llegamos a la primera pensión que previamente había reservado mi madre. Quiero explicar que bajo mi criterio reservamos pensiones y hostales porque yo no sabía a lo que atenerme con los albergues. siempre aconsejo que no tengamos prejuicios y esta claro que yo los tuve y ahora me arrepiento, esto lo explicaré más adelante. Nosotras comimos en el mismo pueblo, de los más bonitos que dormimos y descansamos en el Portomiño, en una habitación con dos camas y baño en correctíssimo estado.

*libro que obtuvimos en el bar dónde desayunamos pero también se puede comprar en las oficinas del peregrino que hay por todo el camino. Es importante que vayas consiguiendo sellos en los diferentes comercios que te encuentras durante el camino para demostrar tus quilometros andados y obtener la compostelana**

**Certificado que te dan totalmente gratuito en Santiago de Compostela si demuestras con el libro de credenciales del peregrino que has andado más de 100 km. Desconozco que distancia tenéis que recorrer en bici o caballo para tener el mismo certificado, supongo que en el primer caso es más y en el segundo menos, por salud del animal, el caballo.

No me quiero hacerme pesada así que os dejo algunas fotos y en el siguiente post sigo…

 

 

 

 

 

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