Sexo en tú ciudad

Esta semana se han cumplido 20 años de una de mis series favoritas “sexo en Nueva York”. Aunque muchos la tacharon de memez, superficial e incluso de machista ya que uno de sus pilares era: <chica adicta a la moda, buscando el príncipe azul>, para mí fue una puerta abierta a la tolerancia, a la libertad y al sexo. Yo me quedo con la parte más feminista porque como todo en la vida las cosas son como tú te las quieras tomar y las quieras ver.

Esa pelirroja Miranda que quiere disfrutar de su éxito en su carrera y no disculparse por ello.

La delicada charlotte clásica, llena de tabúes y inseguridades que aprende de sí misma.

La alocada samantha con más experiencia que tabúes, con tanto amor por ella misma, por el sexo y por su vida.

Y por último, la prota, la loca de los zapatos y la moda, en busca continua de su independencia y el amor, Carrie.

Yo sigo apostando por esta serie: por hacerme reír, llorar e incluso abrirme a nuevos aprendizajes.

Seamos distintas, parecidas, clásicas, alternativas, monógamas, promiscuas pero siempre nosotras, apostemos por nosotras misma y seamos de verdad. Respeto y autenticidad.

Sexo en Nueva York
Elea

Límites sexuales

Últimamente se habla mucho de ciertas agresiones a mujeres: gran hermano, “la manada”, etc. Podríamos decir unas más graves que otras pero yo no lo pienso así, un acto que lleve consigo la palabra agresión ya es un horror, me da asco y ¿a mujeres? ¿Porque? Me horroriza más aún. ¿O a homosexuales? Me sangran los oídos.

No soy estúpida, sé el mundo donde vivo y la naturaleza humana sé por donde va pero ello no hace que no me espante, ¿no somos capaces de evolucionar? Me cuesta de entender que la gente emita opiniones sobre cómo tiene que vestir el otro, no me gusta escuchar como hay mujeres que juzgan a otras por hacer su vida, me asusta ver como un veinteañero le da asco ver a dos hombres juntos, me repugna oír cómo se encuentran excusas para las agresiones… “es que va con los pantalones demasiado apretados”, “es que va marcando”, “es que iba bebida”… ¡por el amor De Dios y a ti que te importa!, respeta a los demás, verbal, físicamente y en pensamiento, no hagas lo que no quieras hacer o lo que no te identifique pero RESPETA y si piensas otra cosa vigila porque estás emferm@ o por lo menos tienes un problema. Tu no eres más por ser hombre, ni tienes más derechos(en nada) porque lleve yo una minifalda, como si voy en tanga por la calle, él no está enfermo por querer a otro hombre, tu eres intolerante, ella no da asco por besar a su mujer, un NO nunca es otra cosa que un NO. Y un silencio tampoco es un SI.

Soy una defensora máxima de la libertad sexual en todos los sentidos, para los que quieran probarlo todo y para los que no quieran hacer nada nunca en la vida, los respeto a todos, ¿tu no? tanta opinión y tanta represión nos ha llevado hacer daño, MUCHO DAÑO: curas a niños, familiares a menores, hombre a mujeres…vomitívo.

La campaña no tendría que ser ni no es no, ni no a la agresión porque no tendrían ni que existir, la campaña tendría que ser: reforzar aún más la autoestima de la persona para que ponga sus propios límites ya sean todos o ninguno y ojalá sea impensable, irracional, inconstitucional, imposible no RESPETAR esos límites personales.

CARTA A LOS VECINOS

Al final tendré que cambiar el nombre del blog por: las cartas de Elea o la vida de Elewita(así es como me nombro yo a mi misma) pero necesito saber¿por qué?, ¿por qué?, ¿pooooor quéééé? y si alguien de vosotros lo sabe por favor que me lo diga, que me lo comunique y me lo explique en:
Thesweetwordss@gmail.com
O en mi Instagram @thesweetwords_l.a
Quizás es que soy cortita y no alcanzo a entender cómo se puede ser tan cerdo. No hablo de baños públicos, ni siquiera de espacios compartidos en sociedad, hablo de los vecinos: esos queridos convivientes del mismo edificio que limpian sus alfombras encima de mi balcón -literal- y que fuman sus relajantes nocturnos y casualmente dejan sus resto encima de mis zanahorias que tanto me están costando cultivar en medio de una ciudad como Barcelona con dos metros cuadrados de balcón. Es acojonante y disculparme por las formas pero es que somos tan obtusos y egoístas que no sabemos vivir en convivencia. Y me pueden decir: ¡vete al campo! -y yo le diría: ¡vete tu que con la mierda que me tiras puedes montarte un buen huerto de relajantes dudosamente ilegales.! Tiene narices…
No soy la única que presume de vecinos mal convivientes, sólo pensar en dos de mis mejores amigas, se me ocurren más historias para no dormir y tal cual: una de ellas tiene unos vecinos reformistas nocturnos, que les da por mover muebles a las 3 de la mañana y ya cuando creció la familia y trajeron al pequeño retoño, mi amiga quiso vender el piso y irse a otro continente por no cometer un delito… El otro caso es Lau, tuvo unas noches moviditas escuchando el cante sexual de una de sus vecinas, pensamos que la sonora mujer fingía porque sino que nos presenten ese artículo porque tales gritos grabados en audio desde otra casa y parecía que la tenías delante… eso no lo puede hacer un hombre. 

Mis dos amigas recurrieron a la nota fácil en la escalera: es muy triste robar pero peor es no dormir y como no paren tendremos que recurrir a quitarles lo que nos causa este insomnio a la escala.

Yo por mi parte estoy pensando en hacer vecining: devolver con toda gratitud todo con lo que me obsequian: mierda. 

Frita me tenéis